domingo, 11 de diciembre de 2011

Apaga y vámonos.-


"La luz es para todos los ojos;
pero no todos lo ojos están hechos para la luz."

Allá por primavera o Carnestolendas, en escrito anterior, aludíamos cómo ciertamente Hispalis renegábase de bombillas o electricidad a favor de cera o pabilos, y cómo para Semana Santa eran protagonistas severos cirios y dolientes hachones.



Pues bien, parece todo indicar “velis nolis” (que viene a ser “quieras o no quieras” en román paladino) que agora múdanse tornas, pues damos por cierto que enjambres de minúsculas candelillas de todo color, como ejércitos invasores, toman calles y plazas haciéndolas refulgir para contento general y regocijo mayoritario, aunque no falten voces, las menos, que advierten sobre dispendio en públicos dineros o acerca del impedimento que supone tanta luminiscencia para quienes sus afanes orientan a observación del firmamento, mas vaya en su descargo que oficio tal recuérdanos más a astrólogos y nigromantes perseguidos por Santo Oficio que a sesudos eruditos a manera copernicana.



Componen las referidas luces imágenes muy agraciadas y curiosas y abundan estrellas, campanas y demás abalorios, cuando no trepan por leñosos troncos de árbol cual yedra luminosa haciendo favorable efeto; sin dejarnos en tintero que a tenor de lo visto aguardamos con ansiedad copiosa y nevada habida cuenta presencia de excesivos motivos relativos a ella, mas afírmannos quienes saben dello que con la llamada permutación atmosférica sería más factible que quien suscribe tomara Órdenes Mayores ante que producirse tal suceso.



Acuden muchos con mecanismos para retratar tal portento de resplandores, otros deambulan obnubilados, aquellos muéstranlo a hijos o conocidos, todos procuran, por ende, aprestarse para las venideras fechas en que conmemoraremos, como manda nuestra Santa Madre Iglesia, Natividad de Nuestro Señor en humilde pesebre, de lo que hablaremos en otro pliego no lejano.

  
  Agólpase, en efeto, embelesado público en principales vías, y son muchos forasteros y viajeros a quién se puede contemplar encandilados con tamaño despliegue refulgente; item más, que en tiempos como los que corren, cuando penas y tristezas atenazan a no pocos, son bienvenidos sucesos menores como aqueste de navideñas luminarias, causantes de júbilo en espíritu y regocijo en nuestro antiguo, y sin embargo, entusiasta corazón.  

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