jueves, 25 de octubre de 2012

Salvados por la Campana.-



Cuando en pasada Cuaresma oímos al vuelo frase que aludía a que “en breve estaría primera en la Campana” sentimos profundo desasosiego, por no decir pavor, pues por lapso de tiempos temimos tratábase de catastrófico suceso.

Recobramos resuello y color al saber que referido dicho aludía a cosa de cofradías, y no a amenaza de fuego o incendio, pues sepa quien lea aquestos pliegos que por Campana, durante años, se entendió a calles de Confiteros o Pasteleros.


Como dicen cronistas, y dello damos fe, desde muy antiguo estaba en este sitio el almacén donde custodiábanse pertrechos y útiles para apagar y sofocar incendios públicos, en cuyo almacén estaba colgada broncínea campana que tocábase en esos casos para convocar a pueblo y operarios (émulos de aquellos primero vigilles creados por Cesar Augusto) para dar pronto auxilio, y de esta campana tomó nombre la vía.


Pasados los años, almacén y campana mudaron de sitio, estando esta última en torre de la Colegial del Salvador, en que siguió sonando a fuego cada ocasión en que era menester, de manera que quedó con nombre campanero la plaza y hasta buena y golosa tienda de confites, sin que por mencionarla (quede constancia para mentes aviesas) hayamos percibido estipendio o beneficio en forma de huesos de santo, piononos o merengue.


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